domingo, 24 de abril de 2011

Metodología

Sin mucho que hacer o decir, el hombre se levanta del escritorio y se dirige a la cocina. Pese a que es tarde, parte de la familia suya -familia con la que convive- sigue despierta haciendo nada, al igual que él. Sostiene conversaciones express con ellos y no consigue muchas respuestas ni consiguen mucho de él a través de sus pobres enunciados poco decidores al final de cuentas. Pasa a la cocina. Una sartén sin lavar, tazas también sucias. No muy ordenada, pero la ha visto peor. Mira su taza: también está sucia. Ha bebido unas tres o cuatro tazas de té en el día y nunca ha estado del todo limpia, pero da lo mismo. Total, su taza es su taza. Pone agua a hervir y metódicamente da vueltas por la casa, varias vueltas en las que no hace nada. Pero todo lo que hace, lo hace con una elegancia particular, sus pasos son como de baile de salón, es una elegancia del aburrimiento, una elegancia ociosa, una elegancia que espera ese hervor insignificante. Tic. Listo. El agua hervida. Toma la taza semi-sucia. La enjuaga vagamente. Sirve el té, y nuevamente el actuar metódico constante que tiene lo lleva a tomar el endulzante líquido que gota a gota cae y él, por hacer de este acto algo aún más ritual, coordina las gotas con el reloj de pared que está en la cocina, aún desordenada. Tic, tic, tic, tic, tic. Así se repite treinta y dos veces, porque en su desconcentración se le fueron dos gotas más de lo que debía. No importa realmente. Sólo que nadie debe darse cuenta de la cantidad exagerada de endulzante que le echa a esa taza. Taza que, sin embargo, es bastante grande y de todos modos requiere muchas gotas de endulzante. De todas formas, el tipo ya cumplió su objetivo: el té. Lo metódico, lo robótico que tiene él lo lleva al siguiente paso inmediato: el traslado de la taza hacia el escritorio, el mismo que anteriormente fue mencionado. Deja la taza en el escritorio y lo siguiente es historia. Volver a una rutina, pero ahora con algo acompañándolo: una solitaria y penosa taza de té, que no tiene la culpa de nada.

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